Genius loci, arquitectura integrada en el paisaje
Para hablar del origen de Pago de Carraovejas nos tenemos que remontar al año 1987. Desde sus inicios hemos trabajado bajo una misma filosofía: salvaguardar el patrimonio vitícola, cada paisaje y su cultura. Siempre hemos creído en el carácter propio del valle de Carraovejas y nuestro compromiso con el entorno ha ido aumentado a lo largo de estos casi 40 años de evolución. No solamente en la parte del cuidado de la viña si no también en la integración de la arquitectura en el paisaje. Un hecho que solo se consigue a través de un diálogo sincero con la naturaleza, respetando el entorno y acercándonos con humildad al ecosistema.
Durante este tiempo hemos estudiado el Genius loci de este entorno: su historia, geografía, clima y cultura, con el fin de conocer mejor el espíritu propio del valle de Carraovejas, su identidad y esencia y poder trasladarlo y expresarlo a través de la arquitectura.
Una propuesta en la que se ha buscado mantener las antiguas instalaciones donde nació la bodega y envolverla con las nuevas construcciones, adaptadas al Genius loci de la zona. Los creadores de este diseño, Elena Arranz, directora de Proyectos de Alma Carraovejas, Fernando Zaparaín, Eduardo García, Fermín Antuña y Javier López de Uribe, arquitectos de Amas4Arquitectura, han integrado el edificio y sus formas al paisaje de la finca.
Junto a ellos cabe destacar la labor del equipo de Escrivano Design que han cooperado en el diseño del proyecto en la bodega de Ambivium, la sala de maloláctica y depósito OVUM (tina de madera ovoidal hecha en busca de los mejores beneficios para la crianza del vino tinto), o en el falso techo de la sala de depósitos de acero inoxidable de Pago de Carraovejas.
Para la construcción del edificio se ha aprovechado la topografía del terreno con el fin de articular un conjunto de espacios exteriores a diferentes niveles. De esta forma es posible diferenciar los accesos en función de las necesidades de producción. Asimismo, parte del inmueble se encuentra soterrado bajo la propia ladera de la finca y la luz natural se distribuye a través de lucernarios aportando una luz indirecta y muy singular a la sala de barricas.
En cuanto a los materiales utilizados en su edificación se ha tenido en cuenta varios aspectos como la materia prima propia de la zona. Por ejemplo, para los gaviones, hemos utilizado la piedra caliza típica procedentes del páramo de Campaspero; o referencias indirectas que nos acercan hasta la esencia principal de las bodegas, como el color de la fachada que simula al tono del vino tinto cuando se extiende en una superficie plana o el color interior de una barrica después de que el vino se haya afinado en su interior.
También se ha hecho un guiño al vidrio de las botellas que se refleja en las grandes superficies acristaladas que cierran el espacio dando sensación de amplitud, a la vez que ofreciendo al visitante unas vistas incomparables a un paisaje que es el origen de todo el proyecto, el viñedo, y al histórico castillo de Peñafiel, seña de identidad del municipio.
Y no dejamos las referencias a los elementos relacionados con la bodega. El uso de la madera de roble en el interior, cubriendo techos y suelos de espacios no industriales, recuerda a las barricas que utilizamos para afinar el vino.
Estas instalaciones, siempre en constante renovación con el principal objetivo de mejora y para mantenernos en la evolución y vanguardia que marca nuestro tiempo, han sido diseñadas y construidas para respetar al máximo los procesos de elaboración natural por gravedad y las características originales de la materia prima.
La sostenibilidad forma parte de nuestro ADN y también se ha tenido en cuenta en el grueso de la construcción. El proyecto incorpora recursos de ahorro energético como cubiertas vegetales, placas fotovoltaicas, calderas de biomasa, materiales naturales, control lumínico, cerramientos gruesos y aislados y techos ventilados. Una serie de condicionantes que ponen en valor el carácter sostenible del inmueble.
La tecnología y la innovación también juegan un papel importante en nuestras instalaciones actuando como motor de desarrollo y cambio con grandes avances, por ejemplo, en la automatización y control de los procesos de elaboración, con control de temperatura individual en cada depósito y el control de temperatura y humedad de las salas con tecnología punta, así como el uso de agua osmotizada en bodega.
Durante todo el proceso, cada elemento arquitectónico se ha estudiado al detalle para dotar a la bodega de una arquitectura funcional y sostenible que encaje a la perfección con el paisaje que la envuelve. Todo ello, sin olvidarnos del esfuerzo en el diseño de la estructura para trabajar en superficies diáfanas que favorecen el orden, la limpieza y el espacio, de forma que se pueda elaborar de manera cómoda y respetuosa.
En definitiva, un edificio vanguardista, atemporal y confortable para el día a día, con una identidad muy marcada y una integración total con el entorno que pone en valor el entorno del valle de Carraovejas.
A continuación, os dejamos unas imágenes donde ver el antes y después de las obras de ampliación y su adaptación al entorno.